sábado, 1 de diciembre de 2018

D E C I M A








 Aprendiz de caminante

siempre en busca de aventura
desde la tierra más dura
hasta el infierno de Dante.
Seguirá siempre adelante
como hace el peregrino,
que pasa hollando el camino
por las tinieblas del mundo
luchando cada segundo
para encontrar su destino.



GLOSA 12




Me enamoré de la noche
cabalgando en una estrella
entre todas, la más bella
que de luz, es un derroche.
Sin hacer ningún reproche,
cuando llegó la mañana,
al sonido de campana
de mi sueño desperté,
entonces me levanté
pero de muy mala gana.

Observaba el horizonte,
que aparecía a lo lejos,
eran las olas espejos,
viajeras sin pasaporte.
Chocando van contra el monte
cuando a tierra se acercaban
y con su espuma regaban
las dunas de arenas finas
que como bravas sabinas
al dios del viento aclamaban.

Al terminar la mañana
el cielo se encapotó
y la tormenta explotó
inundando  mi ventana.
Cual tañido de campana
iban sonando los truenos       
que como duros barrenos
los oídos perforaban               
y los rayos alumbraban         
como flechas de luz llenos. 

   
La tormenta ya amainaba,
desaparecen las nubes,
aclaraba por las cumbres
y el cielo se despejaba.
De nuevo el mar me mostraba
su color azul verdoso,
un revoltijo precioso
de las olas que jugaban
y entre espuma se abrazaban
bajo el sol  maravilloso.













VOLAR EN LAS NUBES







Volaban en las alas de Pegaso,
y graban sus poemas en las nubes,
pasando por los valles y las cumbres
llamaron a las puertas del Parnaso.

Varios dioses les frenan a su paso,
proclaman no respetar sus costumbres
arrojando sus poemas  a la lumbre
ardiendo en los confines del ocaso.

Las musas, asumiendo su defensa,
alabando los versos de los hombres
que dignos esperaban recompensa.

Se sienten por el triunfo tan ufanos
ya ninguno recuerda sus raíces,
y que en la tierra siguen siendo humanos.

I N D R I S O






Me robaron la luz de las estrellas,
de negro mis memorias se tiñeron
cuando alzaron el vuelo las palomas.

Hojas que va arrastrando el frío invierno
en otros cielos mis recuerdos buscan,
borrados por el tiempo todos ellos.

Encapotan el cielo negras nubes


Me impiden encontrar nuevos recuerdos.


LAS GOLONDRINAS






Por las aguas cristalinas
de aquella tranquila fuente,
en las barandas del puente
jugaban las golondrinas.
Son oscuras como endrinas,
tienen forma de abanico,
de plata y marfil su pico
unidas vuelan al cielo
produciendo gran revuelo.
¡¡Que regresen!!, yo suplico.


D. JUAN Y EL TENORIO





                                                                             


Atiéndame el auditorio
que por razón de interés
enamora a doña Inés
el pillo de Juan Tenorio.


Hoy de don Juan quiero hablar
también de don Luís Mejía,
historia de cada día
que pudiera hacer temblar.
Algo se puede entablar
con amigos del Tenorio,
juegan con el abalorio
y reparten estocadas
más por lucir sus espadas.
Atiéndame el auditorio.



Qué pensará don Gabriel
religioso mercedario
si cuando acaba el rosario
ya nadie se acuerda de él.
En la Hostería del Laurel,
a la sombra de un ciprés
se vuelve el mundo al revés
y a Tirso anuló Zorrilla,
más por eso de la honrilla,
que por razón de interés.


Aplacan su mal de amores
en los campos de la esgrima
y no se tienen estima
estos dos conquistadores.
De espadachines, doctores,
al aire sus bisoñés
dan coces como una res
con sus espadas al viento,
porque quien llegue al convento
enamora a doña Inés.

Mejía, el otro candidato
al amor de la novicia,
aún no disfrutó caricia
porque su amor no le es grato.
Con don Juan, no tiene trato
y es un saber tan notorio,
que en el mismo mortuorio
es llevado hasta el infierno
para su dormir eterno
el pillo de Juan Tenorio.


















                                                          


SONETO





En el camino gimen las estrellas,
húmedo de escarcha y musgo frío,
que serpentea las orillas del río
donde dejan las fieras sus huellas.

Van en cortejo núbiles doncellas,
guiadas al cruel y funesto destino,
hacia el reino del malvado felino
que espera desposar a todas ellas.

Quisiera un rayo eliminar la estampa
y jinete montado en blanca nube
a la fiera los ojos bien le tapa.

Le hace danzar mientras el rio crece
hundiéndole en sus aguas cenagosas
hasta que el rio al malvado vence.