domingo, 23 de enero de 2011

CERVANTES Y LA RUTA DE LA SAGRA

Hacía tiempo que nuestros amigos, el matrimonio compuesto por Loli y Miguel, nos habían dicho que les gustaría hacer una de las rutas por las que discurren las aventuras del famoso Hidalgo. Mi mujer y yo no habíamos hecho mucho caso al tema, pero ya por fin, hablamos con ellos del asunto y quedamos en salir el pasado día 11 de octubre. Convinimos en hacer una ruta corta para poder realizarla en un solo día y elegimos la que va desde el pueblo de Esquivias al de Carranque, menos de treinta kilómetros, situada en la comarca de la Sagra Alta.
Como a mí me gusta poco conducir, acordamos que iríamos los cuatro en el coche de Miguel, así es que, a las 9 del citado día salimos por la carretera de Andalucía, camino de nuestro primer destino, Esquivias. Cuando llegamos al pueblo, aún no eran las diez de la mañana, por lo que entramos a desayunar en un bar que hay en la plaza. Allí mismo, nos informamos de que es lo que se podía ver, que estuviera relacionado con don Quijote. Enseguida nos indicaron que era de obligada visita la Casa de Cervantes, donde don Miguel vivió con su esposa, Dª Catalina de Salazar y Palacios, en el año 1584, residiendo en la citada casa, ahora convertida en Museo, durante una temporada.
Realmente mereció la pena visitarla. La casa conserva muy bien el techo de vigas de madera que, parece ser, son las originales. También las puertas y los herrajes son de aquella época. Siguiendo la visita entramos en el despacho del escritor, presidido por un cuadro de él mismo pintado por Belmonte. Hay varios cuadros de paisajes cervantinos y las esculturas de don Quijote y Sancho. Las vitrinas incluyen ejemplares del Quijote, traducidos a diversas lenguas, así como la partida de matrimonio de Cervantes y doña Catalina. También una edición de La Galatea, que Cervantes publicó en 1595.
Otra habitación de la casa contiene diversos utensilios de labranza. Continuamos la visita de la cocina, el recibidor y la sala de armas, el dormitorio, la biblioteca y alguna otra más, todas ellas con referencias al matrimonio y al tío de doña Catalina, dueño de la casa, don Alonso Quijada. En el dormitorio de éste último destaca un reclinatorio para realizar las oraciones.
Al terminar la visita eran casi las doce de la mañana y aprovechamos a pasear por el pueblo, que ya estaba más animado que a nuestra llegada. Entramos a la Iglesia Parroquial de Santa María de la Asunción. Observamos los dos escudos de la Casa del Mayorazgo, del siglo XVI y algo más adelante la Casa de las Balconadas, propiedad de la familia Ávalos, una de las más influyentes en aquellos años.
De nuevo nos pusimos en marcha y en poco tiempo divisamos a lo lejos, la Torre mudéjar de Illescas, villa que fue residencia del rey Francisco I de Francia, después de ser hecho prisionero en la Batalla de Pavía. Echamos un vistazo a la Puerta de Ugena del mismo género arquitectónico. Entramos en la Iglesia de Santa María, que posee una entrada de estilo plateresco. Ni que decir tiene, que hicimos muchas fotos de todos los rincones por donde pasábamos. Sin darnos cuenta, se nos hizo la hora de comer, lo que hicimos en uno de los diversos mesones de renombrada fama.
Después de comer, nos dirigimos al Hospital Santuario de la Caridad, que, sin duda, hay que visitarlo para admirar el Retablo de la Iglesia, obra del Greco, así como, cinco cuadros más de éste mismo artista : La Anunciación, La Coronación de la Virgen, La Natividad, San Ildefonso y la Virgen de la Caridad. Ni mucho menos, somos expertos en pintura ninguno de los cuatro, pero algo ocurre cuando se contempla una obra de arte y fue el caso de que no veíamos la hora de marcharnos de allí. Observamos, una y otra vez, las figuras y rostros delgados, las luces, las sombras, los colores de los cuadros y sobre todo nos impresionó el espacio ovalado donde incluyó la escena de La Anunciación. Salimos al atardecer y con cierta premura pusimos rumbo a Carranque. En el camino recordamos algo que habíamos leído, que la región de La Sagra es zona de caza y en ella abundan los conejos y las perdices. ¡Cuantas veces se cruzaría don Quijote con alguno de estos animalitos!.
En pocos minutos llegamos a Carranque. En el pueblo se respiraba tranquilidad. Nos sorprendió ver un cartel que anunciaba, PARQUE ARQUEOLOGICO, pues nunca habíamos oído hablar de él. En la plaza, vimos un corrillo de personas, casi todos mayores, y nos acercamos a preguntarles por el PARQUE ARQUEOLOGICO. Enseguida nos informaron como podíamos llegar a él, a través de un cuidado camino de unos 5 kilómetros, perfectamente transitable en coche. Este camino desemboca en un moderno puente que enlaza con el PARQUE.
Lo que sí nos dijeron es que ya era muy tarde para poder verlo y que era mejor esperar al día siguiente. Eso cambiaba nuestros planes, pues nos habíamos hecho la idea de volver a Madrid. No obstante, preguntamos si allí podíamos hacer noche y nos recomendaron una casa rural, recién inaugurada. Nos despedimos dándoles las gracias por su información y entramos a un bar para tomar un refresco. Allí, sentados los cuatro alrededor de una mesa, hablamos sobre si nos convenía quedarnos a dormir en el pueblo y al día siguiente visitar el PARQUE. Acordamos quedarnos. Nos pusimos en contacto con los propietarios de la casa rural y contratamos pasar allí la noche. Cenamos en el bar y fuimos para la casa, donde pernoctamos.
Al día siguiente, después de desayunar y dar una vuelta por el pueblo visitamos la iglesia de Santa María Magdalena del siglo XVI. Tiene un retablo de Martínez Castañeda, de la escuela de Berruguete. A continuación, nos pusimos en camino hacia el Parque Arqueológico. Dejamos el coche en el amplio aparcamiento que existe antes de entrar en el nuevo puente y, desde allí, iniciamos el paseo hasta el Parque. Después de obtener las entradas que dan derecho a la visita, estuvimos viendo el Museo, donde se exponen piezas de la época del emperador Teodosio y que pertenecieron a la Villa de Materno, que pasamos a visitar después. Las piezas corresponden a figuras y utensilios de bronce y hueso, usados por los antiguos pobladores de la casa. También hay exhibición virtual de las distintas edificaciones que formaban la Villa. Ésta, sin duda, fue una mansión señorial, a la vista de los materiales utilizados, con gran profusión de mármol. Se le ha llamado de Materno, por haber encontrado un mosaico con el nombre del propietario de la misma. En ella, se han conservado, en bastante buen estado, diversos mosaicos de gran belleza, llamándonos especialmente la atención el del dios Océano, para nuestro gusto el más bonito, así como la alusión a la caza que puede practicarse actualmente en la zona, pues en los mosaicos estaban representados conejos y perdices.
Fuera de la Villa, a pocos metros de ésta, se descubrieron unos restos, al parecer de un pequeño templo, conocido con el nombre de Ninfeo y algo más allá las ruinas de una basílica de la época paleocristiana, que son de un rico contenido arqueológico.
Asombrados gratamente de lo que habíamos visto durante nuestro recorrido por el Parque y que, cuando salimos de Madrid, no conocíamos su existencia, volvimos a tomar el coche para regresar a nuestras casas.
Durante el camino de vuelta fuimos comentando lo agradable de la excursión y lo que habría pasado, si Cervantes hubiera conocido la existencia de esas ruinas arqueológicas y hoy estuvieran incluidas en las andanzas del famoso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.
Andrés Tello –

Publicado en la revista literaria ALBORADA, de 17/01/06

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