jueves, 17 de enero de 2013

EL VALLE MÁGICO





                                          
Inició la alondra el vuelo. Amaneció la mañana. Saltó del nido una nube con cintas de colores. Cuando cesó la lluvia, las cintas se fundieron con los rayos de sol y apareció un luminoso arco iris que, con suave toque, unió las dos cumbres nevadas con los prados rebosantes de flores.
El rumor del río se confundía con el trino de las aves  y en la lejanía se escuchaba el eco de una canción que, desde años atrás, cantaban los solitarios pastores recordando, con sus notas, amores de juventud.
De repente, sin anunciarlo, un rugido brotó del cielo y negros nubarrones sumieron en la oscuridad el idílico paisaje.
Gruesas gotas chocaban con las cantarinas aguas del arroyo, cubriendo los cimbreantes juncos de lluvia fresca y cristalina.
Volvieron las aves a cobijarse en sus nidos, desaparecieron las cintas del arco iris, las montañas se borraron del paisaje y los pastores silenciaron sus canciones.
Se adelantó la noche, cambiando la acuarela de sonoros colores por un escenario de sombras y ruidos.
De nuevo, el ciclo de la vida se eternizaba en el valle.

Andrés Tello
Enero 2013

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