domingo, 23 de junio de 2013

TAMBIEN ELLOS










La bandada de gorriones inició el vuelo. El ruido del avión al despegar les había espantado .y, atemorizados por el gran estruendo, dudaron hacia donde dirigirse. No querían  volar en la dirección del gran pájaro metálico y, asustados, dirigieron sus frágiles alas hacia un edificio de cemento con grandes huecos sin acristalar que les aseguraba un cobijo. Entraron al recinto colándose por aquellos ventanales. Una vez dentro, se distribuyeron buscando algo de comida, que no les fue difícil encontrar, pues en aquel lugar había muchos coches aparcados y la goma de sus neumáticos tenía pegados pequeños insectos, mosquitos, hormigas, arañas, así como, restos de comida, que los coches habían aplastado por las calles.

Para los pequeños animalitos aquello fue un festín. En el lugar de donde ellos procedían, tenían que luchar duro para conseguir alimento, sobre todo en invierno, cuando los campos estaban baldíos y era muy difícil encontrar algo comestible.

Les apetecía estar al calor que despedían los motores de los coches que, una vez aparcados, aún guardaban una agradable temperatura, haciendo reaccionar sus pequeños cuerpos, frente al frío exterior, que reinaba a aquella hora de la mañana.

Estaban los gorriones disfrutando de todo aquello, cuando un gran estruendo hizo temblar el edificio. Inmediatamente, una inmensa nube de polvo y humo lo inundó todo. Los pajarillos comenzaron a recibir golpes por todas partes. Quisieron volar hacia otro lugar más seguro, pero sus alas ya no les respondieron. Algunos recibieron grandes trozos de hormigón sobre sus pequeños cuerpos. Otros, fueron aplastados por los propios coches que volaban por los aires.


Al final, cuando los bomberos entraron al lugar, solo encontraron un amasijo de hierros, cemento y plumas.

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